viernes, 28 de enero de 2011

UN PARTIDO DE TRAMPOSOS

Dicen los tipos que creen en paraisos ilusorios (tal que esos progres indigenistas sobre las sociedades nativas del Amazonas, a las que rápidamente ponen como ejemplo de ideal comunión con la Naturaleza), que vivir en los pueblos, habitar esas ridículas urbes apiñadas alrededor de una iglesia cuya disposición planimétrica te induce a pensar en el inveterado horror de la gente al vacío  de los campos y la tierra esquilmada por la avaricia y la industria, ambas desplegadas por un ejército de cromañones vestidos a la moda; vivir, como digo, en un pueblecito de la Llanura del corazón de esta vieja y fatigada Iberia que hoy parece a punto de extinguirse, resulta, para ellos, en algo así como una bendición de los dioses. No lo se... Es posible que el tipo (o tipa) sin pretensiones, sin ambición, sin ánimo de mejorar, y cocinado hasta la naúsea en el conformismo militante de las tardes de reunión al abrigo de un soez canuto de marihuana, estos suburbios de la civilización le hagan sentirse como en el mismísimo Jardín del Edén (eso sí, pero en su versión genuinamente laicista, no nos vayamos a confundir). Y hasta es perfectamente posible que un servidor esté al completo equivocado y su atrevida tesis sea sólo el reflejo de una callada y persistente frustración.

lunes, 17 de enero de 2011

DE UN TIEMPO A ESTA PARTE

SOCIALISMO PATRIO: HISTRIONISMO UNIVERSAL    Pretender que estos paisanos que se llaman a sí mismos socialistas (o progresistas..., o socialdemócratas, ahora que la caída del Telón de Acero ha puesto ante las narices de todos lo que de verdad significa el socialismo) se constituyan en modelo ciudadano de respeto a las leyes, a la tradición o a la patria más allá de la férrea adhesión que profesan al partido (que en este ibérico caso es el PSOE; IU es sólo una franquicia pobre del anterior), sus manidas y casi siempre estúpidas consignas y las algaradas callejeras que tan efectivas resultan, es seguramente deseo de buen vecino que no prosperará más allá de nuestra imaginación. Expertos en agitación callejera y una propaganda bien aderezada con marketing de infumable inspiración hollywoodiense, un ejército de monjes-predicadores de esta nueva religión fundada por un insigne incompetente de la talla de Mr. Zapatero, se arroja en manos de su mesiánica visión redentora a la conquista del bolsillo y la libertad del atribulado ciudadano. Ese currante, preso ya de la fatiga que sólo la incertidumbre del futuro y la cenagosa estampa del presente son capaces de provocar... ¡Cuántas promesas vanas! ¡Cuánto artificio barato hábilmente cocinado en los despachos de Ferraz! Ahora que la interminable lista de mentiras ha quedado a merced de una realidad imposible de camuflar, solamente aquella porción de ciudadanía escasamente comprometida con el ideario y la extensa red clientelar de una secta nutricia como sólo el PSOE ha logrado instaurar en este viejo país, tendrá en sus manos el poder democrático de cambiar el signo de los tiempos. Una época tristemente iniciada, para desgracia de España, un 11 de Marzo de 2004: 8 años de Historia nacional que podría haber sido notablemente más brillante arrojados al pozo del radicalismo fatuo, aderezado de marxismo ultramoderno con matices chic. Amigos: apretaos los cinturones  y preparaos para una travesía en el desierto cuyo esforzado recorrido tardaremos mucho en saber si de verdad ha servido para algo. ¿De verdad que os habéis tragado alguna vez el rollo del Estado Social y Progresista? Paradógicamente estos modelos sólo triunfan en países como Noruega, Suecia..., y poco más. Países enormes, con recursos, pocos habitantes, socialmente cohesionados e insultantemente ricos. Sin embargo, incluso éstos sufren hoy el aborregamiento insoportable de una ciudadanía en exceso acomodada a una vida muelle y sin estímulo. Aquí, que jamás hemos sido una sociedad de ricos-mucho menos un modelo de cohesión-el año 2004 perdimos la oportunidad: 1) de actuar como una nación solvente y con futuro y 2) de mantener una trayectoria jalonada de éxitos en el complicado y duro terreno de la economía doméstica e internacional.