viernes, 18 de febrero de 2011

CON TESON DE MONJES

COMENTARIOS A UNA PROCLAMA DE LA IZQUIERDA POSTSOVIÉTICA. Recientemente he recibido de parte de un amigo mío, afincado en Madrid y destinatario inveterado de mis reflexiones electrónicas de altos vuelos sociopolíticos, un escrito firmado por una tríada, al parecer, de eminencias en el terreno de la ciencia económica (aunque no se si deberíamos llamarle, todavía y con la que está cayendo, ciencia o cualquier otra cosa que la sustancie de rigor académico o nada que se le paraezca). Estos autores, quienes tampoco se limitan a una simple exposición-bastante burda, por cierto; más que nada por lo que tiene de soflama extraída del manual del buen marxista al uso-de las causas (y efectos) de la crisis económica occidental, que ellos llaman financiera y cuyos culpables estos imaginativos señores dibujan  en siniestros despachos, con levita y sombrero de copa negro sobre la rapaz cabeza mientras se fuman un billete de 100$, se cuidan mucho de acompañar sus ilustres y académicos nombres con el título toriceramente ganado en cátedras  ofrecidas en los tiempos del añorado por ellos glorioso felipismo (que ya no volverán, me gustaría decirles) o en ese reparto de prebendas y puestecillos de generora asignación pública para contentar a los fieles de una época en la que se consumó, precisamente, la destrucción del tejido industrial de este país. ¿Dónde estábais, oh próceres mesiánicos, en aquellos tiempos de tribulaciones y reconversión industrial con los que el españolito medio pagó el altísimo peaje de ser, finalmente, europeo? Y es que, eminentes amigos de la izquierda incompetente y radical ¿alguna vez este viejo país dejó de ser Europa? ¿No es Europa, frente a los que la querían destruir en los inicios de la Edad Moderna un invento genuinamente español? Bien.
                          Estos capitostes de la teoría socio-económica cuyos misterios debemos aceptar el resto de los mortales carentes de títulos rimbombantes y, por lo tanto, de suficiente inteligencia y raciocinio crítico, son los señores JUAN TORRES (Catedrático de Economía; ¡ahí es nada!); CARLOS FERNANDEZ (Sociólogo) y ARMANDO FERNANDEZ (Politólogo) y firman una proclama repleta de tópicos y suposiciones manidas extraídas, como ya he señalado, de los manuales del perfecto marxista al uso, que han tenido a bien titular "A la izquierda, la convergencia de ciudadanos y ciudadanas" (se han cortado de decir "camarados y camaradas"). Por sí mismo, el título del texto ya resulta netamente clarificador: solamente a la izquierda deben converger esta especie de élite de ciudadanos y ciudadanas (no vayamos a olvidar la corrección del feminismo militante) que nos van a liberar de la garras de los demonios económicos que nos han prestado el dinero para prosperar, comprarnos un coche, una casa que de otro modo jamás hubiéramos podido adquirir, o darnos, sencillamente, un  capricho. De ahí, pues, mi contratítulo: "´Con tesón de monjes" hace referencia, igualmente de un modo que quiere ser reveladoramente gráfico, a aquellos tiempos lejanos del medievo en el que una pléyade de anacoretas, sufridores, con vocación apostólica, salieron a los caminos, vestidos con harapos, a predicar que un mundo mejor era posible: en mitad de toda aquella maraña de invasiones islámicas en el sur y vikingas en el norte de Europa que terminaron de finiquitar los restos del Imperio y civilización greco-romana... Confieso que me duele hacer cualquier comparación entre estos héroes de la Historia, que supieron guardar y extender el conocimiento a costa de su propia integridad, y los vividores autocomplacientes que nutren el corpus social de la Izquierda de pura y rojísima tradición ibérica, tiernamente nostálgica de la URSS y sus muros y gulags pacificadores; pero  el símil pictórico de un ejército de nuevos clérigos, hoy, jugando a vestir el hábito raído de monje, capucha incluida, para entonar en grupo el sórdido y pastoso (casposo, que diría el eminente capitoste Bono, el de los hipódromos y pisos de lujo por Madrid y Estepona) mantra de los resentidos, los acomodados, los gandules, los inútiles, los aprovechados, los vanidosos y prepotentes que sólo se limitan a teorizar desde sus modernos despachos financiados con dinero público...; en fin, toda esa caterva de mamíferos nutridos en los magros pastos del herario público estatal cuya ruína ellos aseguran ser culpa de otros: de esos que arriesgan su dinero, su bienestar, su tranquilidad, su nombre, para crear riqueza y ofrecer trabajo a los que no han tenido la suerte de ser elegidos como emisarios universales del socialismo. Ponía el ejemplo hace poco, en uno de mis artículos para Aragón Liberal, de un señor como Juan Roig, presidente de la cadena de supermercados Mercadona: sin avanzar truculentas teorías, lanzar soflamas con las que intoxicar a la concurrencia, vestir su trayectoria de esfuerzo con títulos rimbombantes... él sólo, sin alardes, ha sido capaz de levantar una empresa que da trabajo-justo, cómodo, y bien remunerado-a 15.000 personas en este país. Esto y no otra cosa se llama distribución de la riqueza. Señor catedrático: es usted un diletante que jamás llegará a hacer algo parecido a lo que este hombre, y otros muchos como él (que ustedes, como genuinos marxistas trasnochados, pretenden vilipendiar), han hecho con sus sólos medios y su sola y brillante inteligencia. La solución a la crisis en la que el endiosado pero fatuo Estado del Bienestar nos ha sumido pasa por la intervención en los gobiernos de este tipo de personas. Ustedes se deberían dedicar a escribir obras de ficción o a pedir perdón a diario por su insoportable y manido discurso que no se cómo no se les cae la cara de vergüenza. ¿Qué les van a decir a toda esa masa de población empobrecida-entre cuyos componentes un servidor se incluye-por obra y gracia de un líder fabricado a la medida de sus aspiraciones? ¿Se atreverían a mezclarse con el currante medio y soltarle el discursito de la izquierda postomoderna..., pleistocénica que todavía hoy se empecinan en defender? ¿Les irían con el rollo este de los maléficos bancos y que lo que de verdad funciona es quitarle el dinero a los ricos? ¿No son ustedes verdadermente ricos con esos sueldazos, prebendas, despachos, libertad de cátedra, comodidad y despreocupación a tenor de un dinero asegurado mes a mes que los gobiernos de los estados sociales detraen al trabajador, al taxista, al albañil, al operario, al vilipendiado hoy funcionario mileurista, al barrendero, al agircultor, al empresario que da trabajo y promueve la riqueza... para tenerles contentos y a favor de sus injustas y antediluvianas políticas? Hoy, después de ensalzar a  un siniestro personaje como ZP y todas sus políticas radicales que no han perseguido otra cosa que el enfrentamiento de la ciudadanía y la  laminación del PP o cualquier otra fuerza, casi ninguna por cierto, que les plantara cara, ¿pretenden ustedes que no ha sido suficientemente de izquierdas? Son ustedes unos tramposos de tomo y lomo. Y ya desde aquí les vaticino un rotundo fracaso. Si, como sospecho, lo que persiguen es parecerse siquiera a genuinos fenómenos de convergencia ciudadana estilo Tea Party, curtidos exitosamente en la Historia más brillante de un país que es hoy la primera potencia mundial en todos los terrenos (aunque les fastidie en lo más hondo del tuétano socialista), cuyo acceso a la riqueza, a la libertad y a la autogestión del ciudadano medio resultan modélicos a nivel mundial, creo que van a caer, de nuevo, en uno de los ridículos más espantosos... ¿Hay algo más estatalista, inmóvil, mastodóntico, anquilosado, rígido e incompatible con las aspiraciones individuales del ciudadano, con su libertad y dignidad como tal, que esas pleistocénicas superestructuras inventadas por el socialismo? Cuando proclaman ustedes que la culpa de todo esto es del "centro derecha" o el "centro izquierda", lo que de verdad quieren decir es que bienvenido sea el soviet: esa gráfica imagen de mesas delegadas, imagino que atestadas de gentuza, donde el capitoste de turno, tal vez siquiera ciudadano de este país, conceda derecho de gracia  o extinción al valiente que pretenda defender lo suyo y destacar de la masa aborregada y cobarde de buenos marxistas. 
                 Estimados catedráticos: son ustedes un fraude. No cuenten conmigo para sus experimentos de ingeniería social que  ni siquiera, hoy,  su pretendido público natural (¿el proletariado?) es capaz de tragarse. 

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