sábado, 30 de diciembre de 2017

LA CONEXIÓN IBAÑESA

En realidad este post, último de la serie "Política, con K", trata de la fatiga intelectual y el aburrimiento que la quietud malsana de los desiertos culturales (más que los geográficos) producen en el observador. Y aunque es posible que los efectos  de la sequía, el viento estragante que empuja las nubes hacia el Mediterráneo, rápidas, y esta media luz pasada por láminas grises que aplasta el ánimo, sean los responsables últimos de un tono deliveradamente trágico, el panorama físico y real, donde van incluidas las personas, la comunidad de gañanes, ideólogos, gente válida, currantes, vividores, aprovechados, estúpidos, borrachos, yonquis, advenedizos, agricultores y políticos de baja estofa que conforman el circo humano ibañés, analizado con detenemiento, no da para mayores expresiones de júbilo. A poco que tengas aspiraciones de vivir y de ofrecer algo útil a tus congéneres, tu destino final es Albacete, Valencia, Murcia o Alicante, que es adónde en mayor número se fueron, antes como hoy (a pesar de las proclamaciones fraudulentamente optimistas de la nomenclatura socialista local) las fuerzas vivas de la comunidad. 

                    Casas Ibáñez no es más ni tampoco menos que cualquier otra población del entorno. Gracias a su estratégica posición más o menos central y, sobre todo, el paso de la arteria de comunicación del Levante con las profundidades agrícolas de La Mancha (la carretera nacional 322, Requena-Albacete, Valencia-Córdoba), esto, la población, logra aparentar lo que no es: un enclave semi urbano (4500 habitantes) en medio de un desierto demográfico que haría llorar a solitarios patológicos tal que un H. D. Thoreau, Edward Abbey, John Muir etc.

                            

miércoles, 27 de diciembre de 2017

LA NAVIDAD PROGRE

ÁRBOLES QUEMADOS

La simbología social del progresismo (vale decir socialismo, que en muchos aspectos es intercambiable) se alimenta de espectáculo y horror, de violencia implícita con la que se busca disimular ese impostado pacifismo que ya nadie cree (los que no están abducidos por el dogma universal de la paz y el amor progre: el de los hippies extintos y fumetas de canutos trasnochados e inútiles) y la vomitiva equidistancia con los fenómenos terroristas correligionarios: antes, la ETA, ahora el Yihadismo, ariete contra Occidente y su eficaz y liberador (para ellos, nefasto) sistema económico capitalista. Azaña,  al que ya no  nombran tanto por estas tierras ibéricas (quizá porque a fuerza de leer lo que no se les manda han comprendido las lindezas que ha dejado en sus memorias referidas a aquellos burros genocidas del socialismo), en un acto excesivo de complacencia, se ufanaba de utilizar a las masas como ariete contra la España tradicional, es decir, contra el Catolicismo, el desmesurado poder de la Iglesia y los monárquicos trasnochados. Enseguida se dio cuenta que, como en el sabio adagio ugandés: si das de comer a un cocodrilo, el cocodrilo te come la mano. Una vez encendida la mecha de la violencia, la República tenía los días contados. 

                  Los progres, los dogmáticos  de Marx y Lenin, transfigurados hoy, en España, en partidos, asociaciones y movimientos de carácter mesiánico, cuya sagrada labor aquí en la Tierra, ellos dicen, es salvarnos de nosotros mismos aunque sea pegándonos un tiro en la  cabeza (a ser posible, a traición), se jactan de sus actos liberadores incendiando árboles de NAVIDAD e iglesias cristianas (recordad los artefactos explosivos en la Basílica del Pilar), pero jamás, jamás, hacen nada en contra de los musulmanes y sus mezquitas, que, como todo el mundo sabe, son templos de la libertad, la tolerancia, el respeto a la mujer y a la diferencia. Cobardes. Yo tengo mi tesis: émulos  de Azaña, aunque con significada degradación intelectual, pretenden utilizar a esas masas de bárbaros del medioevo más tétrico (y cutre) de islamitas y agregados contra el odioso Occidente: vencedor de revoluciones socialistas y enemigo del totalitarismo. Les saldrá mal, como siempre. Pero en ese camino de violencias y reacciones estamos nosotros: los que nos afanamos en los asuntos diarios y sencillos, esforzados y gratificantes (a veces, las menos, es cierto), intentando criar a nuestros hijos y evitando causar daño a los demás. 


                      Con todo, no alcanzo a comprender cómo esta cuadrilla de impostores con caretos de colegial (pienso aquí, por ejemplo, en Errejón), algún hijo de terrorista, Pablo I., líder omnipotente, frikis como Ada Colau y peligrosos histriónicos tal que Monedero, Espinar (un hijo de papá en toda regla) e Irene Montero, son capaces de atraer el voto de 5 millones de compatriotas. ¿Los perniciosos efectos de la LOGSE? Seguramente. Pero si a aquélla añadimos un gobierno de tunantes y vividores meapilas, pijos insensibles y clasistas como los que hoy forman los cuadros del PP, el partido en el Gobierno, tenemos la combinación perfecta para un espectáculo revolucionario. Pero espectáculo, no os preocupéis. Excepto Pablo I., a quien se le ve en el gesto el arrebato genocida, el resto son sólo unos impostores leninistas que le han cogido demasiado apego a la VISA de papá, aunque pretenden llevarse sus buenos euros del bolsillo de la ciudadanía. 

miércoles, 20 de diciembre de 2017

DE PROGRESISTAS Y CANÍBALES (II)

DE PROGRESISTAS Y CANÍBALES



            El insigne y visionario Zapatero llegó, vio y venció, y hundió al PSOE en la peor crisis de su historia: una historia, por otro lado, bastante alejada de ese mantra fraudulento, aunque eficaz, de los "cien años de honradez"; una historia, concluyo, llena de violencias, puñaladas traperas, actos de piratería, abandono infame de militantes pobres en las playas de Perpiñán y robo del tesoro nacional para darse la vida padre en Méjico, Suecia o París... (No lo digo yo, que no soy de izquierdas y, por lo tanto, sospechoso, lo dice Francisco Olaya Morales, jienense anarquista exiliado en Francia que conoció de primera mano los desmanes de mafiosos como Indalecio Prieto, Largo Caballero, Juan Negrín y otros tipos que pasan o han pasado por honrados. Merece la pena leer su libro "LA GRAN ESTAFA DE LA GUERRA CIVIL", así como -¡oh, sorpresa!- las memorias de protagonistas tal que AZAÑA o NICETO ALCALÁ ZAMORA, quienes ponen a caldo a semejante caterva de ideólogos carniceros e histéricos).
                           
                                               
           De la marca ZP, que ha sido como un burdo tajo de navaja en la cara, nos ha quedado un país con partidos políticos enfangados de corrupción e instituciones desprestigiadas. Un gobierno de mediocres, vividores y cobardes (el PP) y un territorio, Cataluña, en el que han aflorado como un tumor, hordas de iluminados radicales y profesionales del odio que detestan todo lo español. Dice el apocado Sánchez (fiel heredero de la indigencia intelectual de Z) que si ellos hubieran gobernado, nada de esto estaría sucediendo: es posible, porque hubiera cedido a toda pretensión supremacista de esos cientos de miles de paletos que se tienen a sí mismos por catalanes de pro. ¿Es posible que un partido que se titula Obrero y Español comparta las tesis racistas y exclusivistas de unos separatistas enfermos? Es posible. De hecho, ahí está el histriónico de Iceta para demostrarlo: un tipo que  a los 19 años ya tenía despacho y secretario y que no conoce más actividad profesional que el medro, la engañifa constante y la conspiración para hundir a unos y elevar a otros, generalmente a costa de todo aquel medianamente honrado que se ha considerado español, aparte de catalán. Mañana, día 21 de Diciembre, la  que se juega su futuro no es Cataluña, es España como tal: si gana la opción separatista nos daremos cuenta que al retirar las pesadas cortinas del Estado, no hay, ni ha habido, nada detrás: ni los españoles somos iguales ante la ley, ni somos ciudadanos de país alguno ni los derechos que aparentamos disfrutar son asunto permanente e incontrovertible. Que todo ha sido una ficción, vamos, y el Estado (pero ese que es abanderado del oprobio y la represión, el ávido de impuestos y regulaciones asfixiantes) sólo ha existido para unos; nos ha robado recursos e ilusiones, presentes y futuros, para entregárselos a esos que nos detestan y nos acusan, precisamente, de ladrones.


            Entretanto, como a lo largo de la truculenta historia de las primeras décadas del XX, asistimos de nuevo al canibalismo inveterado de la izquierda: recua de líderes carismáticos para los que no existe más que un ombligo propio que alimentar y un amor a la imagen y el drama (de dramaturgia) que roza lo patológico. Enfermedades del alma que algunos han convertido en ideología. Listillos ávidos de capitalizar los esfuerzos de la mayoría. Mentirosos profesionales investidos de un aura de progresismo fatuo que debe ser irresistible para las masas juveniles ávidas de fumeteo, pastillas de la risa y surcos de coca, cuya única y poderos aspiración concluye en el sueldo vitalicio por no hacer nada y/o vivir de la VISA de papá progre. Extraño futuro el que nos espera si no retomamos la inveterada, y por ello mismo sabia, cultura del esfuerzo y el progreso real: ese que se basa en resultados tangibles, materiales, sí, pero que se traducen en satisfacción y realización moral.