miércoles, 27 de diciembre de 2017

LA NAVIDAD PROGRE

ÁRBOLES QUEMADOS

La simbología social del progresismo (vale decir socialismo, que en muchos aspectos es intercambiable) se alimenta de espectáculo y horror, de violencia implícita con la que se busca disimular ese impostado pacifismo que ya nadie cree (los que no están abducidos por el dogma universal de la paz y el amor progre: el de los hippies extintos y fumetas de canutos trasnochados e inútiles) y la vomitiva equidistancia con los fenómenos terroristas correligionarios: antes, la ETA, ahora el Yihadismo, ariete contra Occidente y su eficaz y liberador (para ellos, nefasto) sistema económico capitalista. Azaña,  al que ya no  nombran tanto por estas tierras ibéricas (quizá porque a fuerza de leer lo que no se les manda han comprendido las lindezas que ha dejado en sus memorias referidas a aquellos burros genocidas del socialismo), en un acto excesivo de complacencia, se ufanaba de utilizar a las masas como ariete contra la España tradicional, es decir, contra el Catolicismo, el desmesurado poder de la Iglesia y los monárquicos trasnochados. Enseguida se dio cuenta que, como en el sabio adagio ugandés: si das de comer a un cocodrilo, el cocodrilo te come la mano. Una vez encendida la mecha de la violencia, la República tenía los días contados. 

                  Los progres, los dogmáticos  de Marx y Lenin, transfigurados hoy, en España, en partidos, asociaciones y movimientos de carácter mesiánico, cuya sagrada labor aquí en la Tierra, ellos dicen, es salvarnos de nosotros mismos aunque sea pegándonos un tiro en la  cabeza (a ser posible, a traición), se jactan de sus actos liberadores incendiando árboles de NAVIDAD e iglesias cristianas (recordad los artefactos explosivos en la Basílica del Pilar), pero jamás, jamás, hacen nada en contra de los musulmanes y sus mezquitas, que, como todo el mundo sabe, son templos de la libertad, la tolerancia, el respeto a la mujer y a la diferencia. Cobardes. Yo tengo mi tesis: émulos  de Azaña, aunque con significada degradación intelectual, pretenden utilizar a esas masas de bárbaros del medioevo más tétrico (y cutre) de islamitas y agregados contra el odioso Occidente: vencedor de revoluciones socialistas y enemigo del totalitarismo. Les saldrá mal, como siempre. Pero en ese camino de violencias y reacciones estamos nosotros: los que nos afanamos en los asuntos diarios y sencillos, esforzados y gratificantes (a veces, las menos, es cierto), intentando criar a nuestros hijos y evitando causar daño a los demás. 


                      Con todo, no alcanzo a comprender cómo esta cuadrilla de impostores con caretos de colegial (pienso aquí, por ejemplo, en Errejón), algún hijo de terrorista, Pablo I., líder omnipotente, frikis como Ada Colau y peligrosos histriónicos tal que Monedero, Espinar (un hijo de papá en toda regla) e Irene Montero, son capaces de atraer el voto de 5 millones de compatriotas. ¿Los perniciosos efectos de la LOGSE? Seguramente. Pero si a aquélla añadimos un gobierno de tunantes y vividores meapilas, pijos insensibles y clasistas como los que hoy forman los cuadros del PP, el partido en el Gobierno, tenemos la combinación perfecta para un espectáculo revolucionario. Pero espectáculo, no os preocupéis. Excepto Pablo I., a quien se le ve en el gesto el arrebato genocida, el resto son sólo unos impostores leninistas que le han cogido demasiado apego a la VISA de papá, aunque pretenden llevarse sus buenos euros del bolsillo de la ciudadanía. 

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