miércoles, 20 de diciembre de 2017

DE PROGRESISTAS Y CANÍBALES



            El insigne y visionario Zapatero llegó, vio y venció, y hundió al PSOE en la peor crisis de su historia: una historia, por otro lado, bastante alejada de ese mantra fraudulento, aunque eficaz, de los "cien años de honradez"; una historia, concluyo, llena de violencias, puñaladas traperas, actos de piratería, abandono infame de militantes pobres en las playas de Perpiñán y robo del tesoro nacional para darse la vida padre en Méjico, Suecia o París... (No lo digo yo, que no soy de izquierdas y, por lo tanto, sospechoso, lo dice Francisco Olaya Morales, jienense anarquista exiliado en Francia que conoció de primera mano los desmanes de mafiosos como Indalecio Prieto, Largo Caballero, Juan Negrín y otros tipos que pasan o han pasado por honrados. Merece la pena leer su libro "LA GRAN ESTAFA DE LA GUERRA CIVIL", así como -¡oh, sorpresa!- las memorias de protagonistas tal que AZAÑA o NICETO ALCALÁ ZAMORA, quienes ponen a caldo a semejante caterva de ideólogos carniceros e histéricos).
                           
                                               
           De la marca ZP, que ha sido como un burdo tajo de navaja en la cara, nos ha quedado un país con partidos políticos enfangados de corrupción e instituciones desprestigiadas. Un gobierno de mediocres, vividores y cobardes (el PP) y un territorio, Cataluña, en el que han aflorado como un tumor, hordas de iluminados radicales y profesionales del odio que detestan todo lo español. Dice el apocado Sánchez (fiel heredero de la indigencia intelectual de Z) que si ellos hubieran gobernado, nada de esto estaría sucediendo: es posible, porque hubiera cedido a toda pretensión supremacista de esos cientos de miles de paletos que se tienen a sí mismos por catalanes de pro. ¿Es posible que un partido que se titula Obrero y Español comparta las tesis racistas y exclusivistas de unos separatistas enfermos? Es posible. De hecho, ahí está el histriónico de Iceta para demostrarlo: un tipo que  a los 19 años ya tenía despacho y secretario y que no conoce más actividad profesional que el medro, la engañifa constante y la conspiración para hundir a unos y elevar a otros, generalmente a costa de todo aquel medianamente honrado que se ha considerado español, aparte de catalán. Mañana, día 21 de Diciembre, la  que se juega su futuro no es Cataluña, es España como tal: si gana la opción separatista nos daremos cuenta que al retirar las pesadas cortinas del Estado, no hay, ni ha habido, nada detrás: ni los españoles somos iguales ante la ley, ni somos ciudadanos de país alguno ni los derechos que aparentamos disfrutar son asunto permanente e incontrovertible. Que todo ha sido una ficción, vamos, y el Estado (pero ese que es abanderado del oprobio y la represión, el ávido de impuestos y regulaciones asfixiantes) sólo ha existido para unos; nos ha robado recursos e ilusiones, presentes y futuros, para entregárselos a esos que nos detestan y nos acusan, precisamente, de ladrones.


            Entretanto, como a lo largo de la truculenta historia de las primeras décadas del XX, asistimos de nuevo al canibalismo inveterado de la izquierda: recua de líderes carismáticos para los que no existe más que un ombligo propio que alimentar y un amor a la imagen y el drama (de dramaturgia) que roza lo patológico. Enfermedades del alma que algunos han convertido en ideología. Listillos ávidos de capitalizar los esfuerzos de la mayoría. Mentirosos profesionales investidos de un aura de progresismo fatuo que debe ser irresistible para las masas juveniles ávidas de fumeteo, pastillas de la risa y surcos de coca, cuya única y poderos aspiración concluye en el sueldo vitalicio por no hacer nada y/o vivir de la VISA de papá progre. Extraño futuro el que nos espera si no retomamos la inveterada, y por ello mismo sabia, cultura del esfuerzo y el progreso real: ese que se basa en resultados tangibles, materiales, sí, pero que se traducen en satisfacción y realización moral.

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